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martes, 15 de enero de 2019

Los niños y la filosofía


Por: Damián Pachón Soto
dpachons@uis.edu.co

José Saramago decía que “la filosofía debería incluirse entre los derechos humanos, y todo el mundo tendría derecho a ella”. Pues bien, este texto invita a incorporar la filosofía en la formación de los niños, lo cual favorece, entre otras cosas, fomentar el pensamiento crítico y cualificar la democracia de un país. 


Nacer es venir al mundo; es caer en el tiempo y en el espacio; es comparecer ante los otros. Por eso, desde los primeros años, esa tabula rasa que es el niño, inicia un proceso de aprendizaje, de formación y de subjetivación, proceso que determinará, en gran parte, su vida futura. En este sentido, el niño es, como se dice, una esponja que absorbe todo: recibe las primeras impresiones del mundo, la estela de los olores que ayudan a fijar la memoria, el lenguaje que constituirá su yo, el sedimento de su experiencia y del sentido del mundo, su identidad personal, su pequeña historia.

Estos primeros años son los peldaños de la vida, que, por paradójico que parezca, inician también su camino hacia la muerte. Nacer es empezar a morir, pues la muerte siempre es una realidad en marcha, subterránea en cada uno de nosotros. Pero mientras tanto, en los primeros años, nuestra vida va en ascenso, cuesta arriba. Y en esta primera parte de la existencia se debe labrar, como escultor que esculpe su estatua. No es un ejercicio que el niño hace sólo, para ello se requiere de paideia, guía, método, camino. Es ahí cuando aparece la familia, en sentido amplio; los adultos, la escuela, los compañeros de jardín, los primeros profesores. Es el rico y necesario proceso de socialización que hará del infante un ciudadano futuro.

Ya desde esta edad se puede empezar a filosofar. Pero para ello es necesario superar las concepciones tradicionales sobre los infantes. Hoy hay un creciente movimiento llamado filosofía para niños, derivado de los intentos pioneros de Matthew Lipman en 1969, quien inició el programa Philosophy for children, donde a partir de novelas, ejercicios, juegos, diversos métodos, exploró la formación filosófica de los niños. Por ejemplo, Lipman pensaba que “los personajes de ficción en la novela filosófica pueden servir como modelos de diferentes formas de conducta razonable para los niños reales que están en la clase”.

En el caso de la filosofía para niños hay que decir que este movimiento ha originado cuestionamientos interesantes, entre ellos, las diferentes concepciones históricas en torno a la infancia, sus diferencias con la adultez; las discusiones en torno a si los niños carecen de razón y tienen exceso de sensaciones como pensaba Platón; si en la infancia el niño no se reconoce frente al mundo como en la teoría del narcisismo infantil de Freud; si son seres maleables a quienes podemos acuñar a nuestro antojo o, en pocas palabras, si son “una versión incompleta o imperfecta de los adultos”. Además de estas necesarias discusiones, lo importante es que hay un consenso desde Lipman de que la filosofía practicada desde la infancia favorece la vida democrática, la convivencia, forja la personalidad, construye la individualiudad, fomenta la autonomía, la tolerancia, depura la capacidad de juzgar, facilita las habilidades comunicacionales, alimenta la imaginación, entrena dialécticamente el pensamiento para la argumentación, aumenta la capacidad conceptual y propicia el pensamiento crítico de los niños.

Lo que debe hacer el adulto es escuchar atentamente al niño, sus ocurrencias, sus preguntas, sus inquietudes. También se pueden hacer ejercicios con ellos, donde a partir de preguntas inocentes, espontáneas, se le puede llevar a reflexionar. Por ejemplo, a un niño parado frente a un espejo se le puede preguntar quién es él, el reflejo. Seguramente dirá “soy yo”. Seguidamente se le puede plantear la pregunta hipotética: “¿si te quitara los tenis que tanto te gustan, tu camiseta, tu peinado, seguirías siendo tú?”. O, que, si fuera más alto, viviera en Japón y fuera hijo de otros padres, “¿seguirías siendo tú?”. Estas preguntas están directamente relacionadas con el problema de la identidad. Desde luego, no se trata de enseñarle teorías, sino de escuchar sus respuestas e incitarlo a reflexionar y a pensar.

Gareth Mathews trae muchos ejemplos en su libro El niño y la filosofía.Aquí uno de ellos: Una niña de nueve años preguntó: “Papá, ¿realmente existe Dios? El padre respondió que no era muy seguro, a lo cual la niña replicó: “Realmente debe existir porque tiene un nombre”. Esta es una reflexión filosófica de la niña, pues tiende a creer que a todo nombre debe corresponder una cosa real, en el mundo, a la cual el nombre corresponde. En filosofía, es el problema del nombre y la referencia, tema tratado exhaustivamente por el filósofo colombiano Freddy Santamaría en su libro Hacer mundos. Pronto se le puede hacer caer en cuenta a la niña, que no todo lo que tiene un nombre tiene referente, pues existen las palabras “infierno” o “cielo”, “ratón Pérez” y nadie los ha visto hasta el momento.   

Desde luego, no se trata de hacer del niño una máquina filosofante, ni de impedirle disfrutar esta época de inocencia y juego, sino de incluir la filosofía en su vida, como parte del proceso de formación. Finalmente, debo decir que, sin ser experto en este tema, esta labor requiere entrenamiento pedagógico, capacidades empáticas, paciencia, audacia, creatividad y, desde luego, conocimientos sobre el desarrollo cognitivo de los niños. Es, también, una invitación a prestarle más atención a lo que los niños preguntan y dicen.

Fuente: El Espectador


lunes, 14 de enero de 2019

ADOLESCENCIAS DE LA FILOSOFÍA


Mauricio Langon*

La filosofía adolece de saber y adolece de querer saber.

Quisiera hacer algunas reflexiones referidas específicamente al filosofar en la adolescencia, en  ese período de cruces en que se pasa de la infancia a la adultez. Lo haré recurriendo a algunos textos breves.

1.     

“León es el autor de una tarjeta postal dirigida a su padre, que Henri Joly nos transmite en La infamcia culpable (París, 1903). Termina con estas palabras: « Mamá me agarró y me encajó una paliza. Yo, indignado, le dije que me tiraría del puente de Austerlitz. Pero no; me enveneno. Te abrazo, tu hijo, León. » Y no olvidó agregar: «Abraza a toda la familia por mí. Adiós. »” 
(Douailler, S.: Le mal de savoir)

El asombro entendido como "esas cosas que no te dejan dormir"  es origen del filosofar. ¡Cómo! ¿en las aulas con adolescentes, tan protegiditas? Capaz que el espanto golpea ahí a los jóvenes mucho más que a nosotros, adultos, seguros en nuestras férreas torres de marfil, quizás sentados dialogando en "comunidad de indagación", o participando en un panel, o escuchándolo. ¿Qué pasa con el mundo alrededor, mientras tanto?
A nosotros es más raro que los impactos del mundo no nos deje dormir. O vivir.
En cambio, un golpe movió a León. Lo movió al suicidio. Pudo moverlo a filosofar.
Quizás matarse fue su filosofar; quizás lo fue escribir.

2.     

¿Hay diferencia -y, si la hay, en qué consiste- entre discutir estos asuntos impactantes con adultos, con niños o con adolescentes? ¿Hasta qué punto son cuestiones filosóficas o políticas, (que podemos discutir entre adultos que sabemos, y que pueden plantear y resolver el problema) y hasta qué punto son cuestiones educativas (casos descafeinados que podríamos ponerle a los muchachos para que aprendan a pensar, a discutir, no para que piensen y discutan; parece que ellos no puden entender bien el problema, que no tienen elementos para resolverlo... y capaz que se nos matan...)
¿Qué relación hay entre permitir que los espantos nos golpeen personalmente, educativamente o políticamente? Y, si quiero que mis clases sean filosóficas, tengo que hacer que golpeen, y que lo hagan de verdad.
Así que, si salen educativas, si permiten aprender algo, será de rebote, porque fueron filosóficas e impactaron en serio, personal y políticamente.
Las clases filosóficas no son nunca sólo simulacros: son ejercicios con armas cargadas.

3.     

La cuestión tiene que ver con los cruces con los conflictos reales que atraviesan en múltiples sentidos toda comunidad real de indagación; el vínculo entre cualquier grupo humano (cualquier “interior”) y la realidad "exterior" que lo atraviesa.
¿Cómo, específicamente, en un aula con adolescentes?
Una pista importante la da un texto de Dussel en que dice (en referencia al mito bíblico de Caín y Abel) que cuando cada muchacho y cada chica nace a la libertad, en la adolescencia, ya está el hermano asesinado, y ya está instalada una sociedad en que está bien matar al hermano, y en que es aceptado y propuesto el fratricidio. Esa  interpretación del "pecado original" permitiría ubicar con precisión la cuestión de la diferencia entre filosofar con jóvenes y filosofar con niños, también entre pedagogía y otra cosa que algunos llaman andragogía: la diferencia está en el nacimiento a la libertad, en la posibilidad de participación en la “polis”; en la posibilidad de acción; en la necesidad de asumir resposabilidades.
Antes de eso, tal vez, filosofar, debatir, pueda ser un ejercicio inofensivo, un simulacro, un juego. Tal vez.
En la adolescencia, filosofar se hace cosa de vida o muerte, de sentido de la vida, de inserción en el complejo proceso de cambio del mundo. Y si es así, entonces, en el momento en que la educación filosófica toca a los jóvenes, lo hace en el cruce de la comunidad educativa con la comunidad política. Eso transforma al aula en una muy peligrosa y asombrosa y filosófica encrucijada.

4.         

Dice San Pablo: "El amor nunca pasará. Algún día, las profecías ya no tendrán razón de ser, ni se hablará más en lenguas, ni se necesitará más el conocimiento. Pues conocemos algo, no todo, y tampoco los profetas dicen todo. Pero cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño hablaba como niño, pensaba y razonaba como niño; pero cuando fui hombre, dejé atrás las cosas de niño" (I Corintios, 13,8 -13).
A lo mejor de eso se trata al filosofar con jóvenes, de dejar los juegos de niños.
Ese texto paulino culmina el famoso himno al amor. Establece una jerarquía en que el amor aparece por encima de toda sabiduría, de todo conocimiento y acción, de la fe y de la esperanza. Se habla, piensa y razona “como niño” cuando aún no se (re)conoce la supremacía absoluta del amor, mientras se sigue necesitando fe y esperanza.
Quizás se podría plantear nuestro problema filosófico en términos de gente que quiere amor en un mundo que quiere otra cosa. En el fondo, quizás es el mismo problema de Pablo de forjar un hombre nuevo. Pero después de pasar por una experiencia histórica que muestra las limitaciones de la fe (de las convicciones) y la impotencia relativa del amor (en cuya base está, sin embargo, la potencia: su capacidad de engendrar), mantenidos ambos -fe y amor- por una esperanza; cansada pero insistente.
El problema sigue siendo el mismo de San Pablo: seguir actuando por fe, amor y esperanza, aun sospechando que ser martys (testigo) del amor te lleva a ser mártir.
“Entonces no seremos ya niños a los que mueve cualquier oleaje o cualquier viento de doctrina, y a quienes los hombres astutos pueden engañar para arrastrarlos al error” (Efesios, 4, 14), espera Pablo. Dejar de ser niños es dejar de ser barcas al garete arrastradas por cualquier oleaje; es pasar a ser capaces de fijar su propia ruta y capear temporales y evitar astutos engaños.
Es el punto de la educación filosófica en un momento de transición.

5.     

Cállicles le escupió a la cara a Sócrates:
 “Es bueno conocer filosofía en la medida en que sirve a la educación, y no es vergozoso filosofar cuando se es joven. Pero el hombre maduro que sigue filosofando hace una cosa ridícula, Sócrates, y los hombres que se dedican a filosofar se me hacen como esos hombres que balbucean y juegan como niños. Cuando veo un niño que balbucea y juega, es algo propio de su edad, me encanta, lo encuentro gracioso, muy conveniente a la infancia de un hombre libre; mientras que si oigo a un niño expresarse con precisión, eso me entristece, lastima mi oído y me parece tener algo de servil. Un hombre hecho y derecho que balbucea y que juega es ridículo; no es un hombre, dan ganas de azotarlo. Es precisamente lo que siento respecto a los filósofos.  En un joven me gusta mucho la filosofía; ella está en su lugar y denota una naturaleza de hombre libre: el joven que no se dedica a ella me parece un alma inferior, incapaz de proponerse una acción bella o generosa. Pero, Sócrates, un hombre de edad que sigue filosofando sin parar, merece ser azotado.[1]
Vamos, ¿no te da vergüenza ocuparte todavía de filosofía? Esas cosas son un jueguito para que se diviertan los niños, pero las personas adultas se dedican a cosas serias. A la guerra, por ejemplo. O a la política, que es su continuación o su antecedente. El planteo socrático no fastidiaría, no merecería ser perseguido y muerto, mientras fuera puramente un juego de niños, mientras charlara con jovencitos ociosos, mientras fuera un mero ejercicio retórico, una pura di-versión separada (o que hiciera abstracción) de la realidad político-social y de los efectos que en ella pudiera tener. El diálogo socrático no sería un enemigo peligroso mientras se mantuviera al margen de las cosas serias, de las “cosas de hombres”. Mientras no se desubicara y nos descolocara.
Pero el filósofo es un desubicado y le encanta descolocar. La reivindicación socrática es no hacer sólo “filosofía para niños”, filosofía como instrumento de la educación, sino seguir preguntando, cuestionando, criticando, aún de viejo, aun muriendo.
Y sembrando siempre y hasta lo último el virus crítico, también en quienes están en condiciones de asumir responsabilidades políticas, en quienes pueden realizar acciones que afectan la vida de la “polis”, en quienes la pueden efectivamente cambiar.
Con el peligro de muerte que implica. La muerte de Sócrates no difiere mayormente de la de León...

6.     

He aquí la gran dificultad del filosofar con adolescentes: en pasar de la teoría a la práctica, a las decisiones, a la responsabilidad; en pasar de la niñez a la adultez. También de las tutorías a la libertad.
Pero, en realidad, Mat Lipman es tanto o más peligroso en el mismo sentido: vio muy clarito que difícilmente pueden salir adultos capaces de asombro, cuestionadores, democráticos, filosóficos, insatisfechos, buscadores, de niños acostumbrados a no preguntar y a acatar la autoridad ("-¿Por qué?" -"Porque sí; porque yo digo. Si seguís preguntando te la ligás". Y si te la ligás, quizás te matás).
De modo que ciertos "juegos de niños" (esa locura de intentar filosofar con niños) son "simulacros" muy serios; y el filosofar, una actitud que se va desarrollando durante toda la vida y sigue creciendo.
Claro que también crece la cicuta.
MLC 24 de julio de 2005



* Comunicación a las I Jornadas Internacionales de Fiolosofía, “Infancias en la filosofía: experimentar el pensar; pensar la experiencia”. Buenos Aires, Novedades Educativas, 22-23 de julio de 2005.
[1] Platón: Gorgias, 485 a-d; versión propia.

domingo, 13 de enero de 2019

Colombia: Pregonar la democracia y ejercer el fascismo


Por: Manuel Humberto Restrepo Domínguez

La democracia en América, la de norte y la del sur, ya no se parece a la que en 1835 Tocqueville reconoció diciendo que nada lo había sorprendido más que la igualdad de condiciones y su influencia prodigiosa sobre la marcha de la sociedad y de su revolución democrática. No es la época de reyes que se arruinan en las grandes empresas, sino de potentados que saquean al Estado, no es la de nobles que se agotan en las guerras privadas, si no de élites que se lucran de guerras de beneficio privado adelantadas con recursos públicos. No es la época de labriegos que se enriquecen con el comercio, sino que son despojados por este y el negocio legal/ilegal es la fuente que nutre la barbarie y alienta a los poderosos y, los financieros ya son un poder político al que se desprecia y adula al mismo tiempo.
Colombia hace la síntesis de todo eso y refleja que la mejor forma de decir ya no es hacer, como decía Martí, si no imponer una mentira y sacarla adelante. La relación USA-Colombia no puede leerse como de equilibrio o amistad recíproca, si no como una fórmula de sumisión de élites que tienen muy claro que con el gobierno de USA se configura la agenda del poder local y eso no lo discuten. Así ha ocurrido en gobiernos civiles o militares y así será en el 2019, según la agenda del presidente: reinventar la guerra interna, destruir y reconstruir a Venezuela y hacer de cada bien público un mal negocio.

Es una dinámica de líneas paralelas. Por la línea interna, empuja el proceso de paz hacia una renegociación judicial, que doblegue el acuerdo político y lo sustituya paulatinamente, a la par que busca una excusa creíble que otra vez convierta a la guerra en fuente de inspiración y legitimación. El gobierno está urgido por terminar de crear al enemigo interno, para decretarlo y justificar la violencia que lo reafirme en el poder.

Por la línea externa, se esmera en demostrar que es el aliado perfecto de USA para liderar el complot contra el gobierno hermano y mantener viva la esperanza de concretar una invasión militar, antes que las olas migratorios pierdan su entusiasmo aquí y allá y entiendan que después de la guerra unos se quedarán con las riquezas, otros con el poder y ellos se quedarán con nuevos horrores y con sus propios muertos pero sin tierra para enterrarlos.

Ni teórica ni empíricamente, puede decirse que Colombia avance en democracia, aunque se pregone o se intente exportar como modelo y referencia de otros. Se sigue matando como en el peor momento de barbarie y se trata a la ciudadanía como subalterna y delincuente, conforme a su lugar en el estrato, usado para marcar a las víctimas e identificar con mayor precisión a los poderosos que pueden gozar de impunidad y privilegios.

El gobierno da muestras de tener angustia por su propio futuro, no por el del país, porque se le pasa el tiempo y no logra consolidar un mecanismo de escape, que le permita desencadenar su doble propósito de poder basado en la violencia. Del lado interno requiere al enemigo decretado para desplegar su fuerza y tratar de conjurar la presión social que ejercen amplias mayorías inconformes y ahogadas en impuestos impagables, precariedad y deficiencias en todos los sistemas sociales, mientras la injusticia crece entre impunidad y corrupción y; del lado externo requiere justificar conexiones con ese enemigo interno, que valide su retórica y facilite posibles ataques al territorio vecino con servilismo e intenciones coloniales para que américa sea toda de los americanos liderados por Trump y sus seguidores Bolsonaro, Duque, Macri y Lenin.

Adentro de las fronteras la depredación humana, anuncia que hay fascismo, aunque se pregone democracia, si se toma como base la secuencia de asesinatos selectivos, cuya rudeza ya supera al enero de 2018, que con 28 líderes sociales asesinados, valió para que el alto comisionado de derechos humanos en Colombia (Zeid Ra’ad) calificara la situación de alarmante por el elevado número de activistas y defensores de derechos humanos asesinados.

2019 en solo 6 días supera la tendencia del destino sangriento, que en fascismo serían simples crímenes o neutralizaciones, a la usanza de los falsos positivos, pero que si es en democracia, hacen responsable directo al presidente de la república, por tratarse de personas especialmente protegidas (líderes y defensores/as) y que por no ser fortuitas si no sistemáticas consecuencias de una violencia criminal (ya no atribuibles a la insurgencia), el gobierno se ve obligado a mirar hacia el único actor que no ha cambiado su posición: las elites y junto a ellas militares y terceros, actuando en connivencia o aquiescencia con el Estado.

El gobierno, ofreció democracia, pero entrega fascismo, según su actuar ajeno a las demandas del país, con nulo interés por desmontar internamente las empresas criminales, con negativa a llevar a juicio a los responsables de delitos de lesa humanidad, incrustados en batallones, brigadas y despachos, y sin ataques al modus operandi de sicarios que ejecutan, paramilitares que ordenan y militares y terceros que planean. Tampoco le interesa eliminar de la doctrina castrense la creencia en que “todo individuo descontento o inconforme es un enemigo en potencia”. Es decir no le asiste interés democrático por centrarse en un marco de tolerancia cero ante el ataque a líderes o defensores de derechos, ni tiene interés en superar situaciones graves como el estado de cosas inconstitucional del desplazamiento forzado (encubierto con migración) o; defender, reconocer y proteger a las víctimas del conflicto armado o; fortalecer las estructuras de la Justicia Especial de Paz y buscar la verdad o; garantizar la devolución de tierras despojadas o; simplemente impedir que agentes del estado o que actúen a instigación suya o con su consentimiento o aquiescencia mantengan su patente de corso para cometer los actos atroces que cometen contra la población civil negando las normas de coexistencia humana. El presidente capitanea el barco colonial hacia el país vecino y el suyo naufraga.


sábado, 12 de enero de 2019

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Colombia: ¿Por qué se dispararon los suicidios de jóvenes indígenas en Antioquia?


Niños indígenas se están suicidando en Antioquia

Cifra de suicidios de jóvenes indígenas en Antioquia va en aumento. Al año seis jóvenes indígenas toman la decisión de quitarse la vida, según reportes de la Organización Indígena de Antioquia, OIA.

De acuerdo con las cifras, los casos se presentan especialmente en edades entre los 12 y los 18 años de edad.

El más reciente caso entre las comunidades ancestrales fue el suicidio de Yacira Domicó Domicó, de 12 años, perteneciente a la comunidad Embera en Antioquia.

¿Por qué se están suicidando los jóvenes?

Leonardo Domicó, presidente de la OIA, señaló que si bien no hay un estudio que explique este lamentable fenómeno, han determinado que los suicidios de estos jóvenes estarían relacionados con maltratos, problemas de gobernabilidad y falta de oportunidades.

“Se habla de un problema de violencia intrafamiliar, un problema de orden de gobernabilidad y espiritual, pero en el fondo, la falta de oportunidades para los jóvenes y la falta de seguimiento interviene en esta problemática”.


Las autoridades indígenas piden a la Gobernación de Antioquia y entidades de salud que hagan un estudio para establecer las razones del problema y desarrollar campañas que eviten que continúe.

Extraño caso de suicidio

La comunidad indígena Arkúa en Turbo está consternada por el suicidio de la menor  de 12 años Yacira Domicó Domicó.

Según el reporte de las autoridades, la hija de Leonardo Domicó, alguacil mayor de la comunidad Embera, se ahorcó en su propia casa cuando la dejaron sola una tarde.

La niña indígena ya había intentado suicidarse en otras oportunidades por sus extraños y agresivos comportamientos. Para los líderes del cabildo, la menor actuaba de esa manera porque tenía “malos espíritus” desde hace mucho, pero había sido difícil espantarlos.




Sin embargo, la secretaria de Inclusión Social de Turbo, Yolanda Castro, sostuvo que para la Administración, la niña indígena tenía trastornos psicológicos que se pudieron atender, pero la comunidad no dio reporte de esto hasta conocerse su muerte.

Las autoridades locales adelantan una investigación para precisar las circunstancias de lo ocurrido, pero se ha dificultado por las mismas leyes indígenas.

Fuente: La FM


sábado, 16 de abril de 2016

Poema a Colciencias

La Investigación en Colombia

Jorge Eduardo Mahecha Gómez
Profesor, Instituto de Física. Universidad de Antioquia
Medellín, 7 de abril, 2016

Inspirado en “Los Motivos del Lobo” del Rubén Darío

Los Motivos de Colciencias

Un académico dedicado y apacible,
inmerso en libros y saberes,
un anónimo y humilde profesor,
conocido por todos como Dr. Franco,
se encuentra de pronto con alguien,
que tiene el torvo propósito,
de convencerlo de su fracaso vital.
Se trata de un burócrata
que le dice: No se crea sabio ni
intelectual, páseme su lista
de trabajos, necesito compararla,
con las listas de otros,
que se creen sabios, igual que usted.
¡Debo definir, lo científico que es usted!.
En la Agencia estamos convencidos de que
el ser humano por naturaleza
es ignorante, incapaz, perezoso,
indisciplinado, tramposo,
mentiroso, desinteresado por la
sociedad, por tanto necesita
de una autoridad que lleve registro
y control de todo lo que hace,
de una Inteligencia Superior que
avale y certifique su trabajo.
Incluso su quehacer no laboral.
Al Estado le corresponde avalarlo todo.
Yo soy calificado Agente, para esa
función, en lo que al intelecto toca.
Otros se ocupan, de su vida personal.
El terrible burócrata lo asoló todo,
frustró grupos de investigación,
en primer lugar los independientes,
luego los de universidades públicas.
Hasta se metió a calificar el trabajo
de artistas, poetas, humanistas y filósofos.
Eso sí, exaltó instituciones de garaje,
hábiles en cumplir formalidades.
Engañó a cerebros fugados,
a otros les prestó plata,
diciéndoles que era una beca.
Les ofreció el oro y el moro
a toda clase de investigadores,
les recibía 100 propuestas pero,
basado en opiniones escogía 2,
camufladas en un ranking con
calificaciones” de 0 a 100.

Duchos y sabios profesores degradados.
Los perros de presa, subdirectores
y funcionarios, redujeron científicos
y grupos, de las universidades públicas,
al nivel de analfabetas, minusválidos mentales.
Volvió trizas carreras de décadas,
al reclamarles "pertinencia social".
Neutralizó científicos sociales,
con sólo preguntarles:
¿Cuántas políticas públicas logró modificar?
¿Cuantos "articulitos" gestionó?
¡Demuéstreme que su investigación es STEM!.
También logró exaltar carreras de favoritos
que, como diría el poeta,
"nunca pasaron de ser un adoquín..."
Con la clasificación ganaron “cientificidad”,
habilitación de facto a sus proyectos,
para gastar plata de las regalías.
Productos empresariales, reglamentos técnicos,
simples consultorías, pasaron a la órbita
de la Agencia del Estado Para la Ciencia,
la Innovación y la Tecnología.
¿No es acaso el que tiene poder sobre
los inteligentes más inteligente que ellos?
Así, como diría Umberto Eco, el bobo
del pueblo es certificador de la verdad.

Mi amigo Franco llegó:
Al burócrata encontró en su cubículo.
Al verle, reaccionó como autómata que es:
Si viene a reclamar
por su clasificación debe hacerlo
a través del "aplicativo",
y le recuerdo que usted
voluntariamente aceptó nuestras reglas.
Si viene para otra cosa,
no dude en usar el correo del
centro de contacto.
Franco le dijo:
"Paz hermano burócrata",
y el autómata se convirtió en humano.
Acostumbrado al juego de "teléfono roto"
con el centro de contacto,
donde se les pregunta de una cosa
y responden de otra,
Franco se sorprendió.
¿Es ley que tú tengas que sustituir
realidades por formalidades?
Me extraña que todavía tengas
hocico. Porque cada día
te restriegan en él
los tales papers que, según tú
y tus contratistas, no existen.
Un gamín raponea, relojes
y celulares, tú y tus contratistas,
y tus delegados en las universidades,
hacen lo mismo con resultados de investigaciones.
¿El clamor de los investigadores,
para quienes un experimento,
no es una formalidad,
no logra aterrizar tus amados
términos de referencia?

Te atreves a calificar
el trabajo de los sabios.
Para hacerlo inventas
procedimientos que delatan
que eres no sólo ignorante
sino burdo y charlatán.
Ignoras algo tan simple como
que el argumento de la función logaritmo
no puede tener unidades.
Inventas escalas numéricas.
Sumando Peras y Manzanas emites,
los "números mágicos" de clasificación.
Llamas tu invento "modelo de medición".
Ni siquiera sabes que aquellos
a quienes les pretendes medir
sus niveles de cientificidad,
de modelos matemáticos y mediciones,
son precisamente quienes más saben.
Nada de modelo, el tuyo: Si cambias
los "pesos" se te cambian los ganadores.
Nada de medición: A todos tus concursantes
la metrología los deja en Empate Técnico.
Ya tienes prefijados los ganadores del concurso.

Eres funcionario del Estado, se supone
que trabajas para la Sociedad.
No obstante proteges negocios privados,
como ISI, Scopus, Scimago y Elsevier.
Al alcalde Petro sancionaron por menos.
Ni hablar de los sacrosantos derechos
de tus contratistas, a quienes no tocas
ni con el pétalo de una rosa.
Cumplir la Constitución juraste,
pero ello no te impide violar
fundamentales derechos individuales,
ni la autonomía de universidades.
Hasta te atreves a ordenarles
que realicen cosas propias
de tu trabajo y tus contratistas.
Tampoco te obligas a respetar
la presunción de inocencia,
a los profesores les dices:
"Sois tramposos, probadme que no es así".
Ley antitrámites salió del
congreso de Colombia,
sin embargo a los profesores
los torturas durante meses
con tus horribles formularios.
De investigación, y de aprendizaje,
todos los ciudadanos tienen libertad,
sin embargo tú te atreves
a censurarlos, que lo que
hacen, dices, no es
pertinente para la economía del país.
Eres tú quien define
si una investigación es "STEM":
Science, Technology,
Engineering and Mathematics.
Pues ¿Cómo entrará Colombia a la OCDE,
sin los indicadores STEM?
Perteneces a una entidad
dedicada a promover la
ciencia de frontera y la innovación.
Sin embargo a priori ya sabes
lo que deben investigar los científicos
para que lo consideres bueno o no.
Te sientes con derecho a definir
si una investigación es ética,
si tiene pertinencia social,
económica y cultural.
Te atreves a definir qué investigaciones
le convienen al país.
Es decir, a las corporaciones.
Te pasas así por la faja
libertades y derechos,
y el carácter innovador
de la verdadera investigación.

Pero ni tu propia agenda
cumples a cabalidad,
porque al final un trabajo
es valioso si se publica en inglés,
no importa el contenido, el resultado,
ni el objeto de la investigación.
Igual que con el ranking de Shanghai,
que usas para transferir
la supuesta superioridad de una universidad,
a todos y cada uno de sus egresados,
usas los índices de las revistas,
otorgados por tus agencias favoritas,
para convertir, por arte de magia,
un trabajo sobre cualquier cosa,
en investigación de alto impacto,
y degradar los demás resultados
a simple “literatura gris”.
Pusiste a universidades enteras,
a flamantes investigadores,
no a buscar nuevos conocimientos,
ni a realizar inventos,
sino a cumplir tus caprichos, y a
buscar ¡alta ubicación en el ranking!
Así como las máquinas de contar dinero,
son menos importantes que el dinero,
el "conteo de la producción"
importa menos que la investigación.
Pero soy muy benévolo al decir,
que te interesan los contenidos
de las investigaciones,
para ti lo único importante
es el índice h,
el número de publicaciones
y el "impacto" de las revistas.
¿Si ignoras el abc de la metrología,
porqué te habrían de interesar
los temas de la inmunología?
¿Acaso eres capaz de distinguir
la diferencia entre
metrología y meteorología?

En la escuela primaria,
el concepto de promedio,
la ministra Gina
nunca logró entender,
no obstante tiene máster
de universidades
de la lista de las 500 de Shanghai.
Los títulos profesionales
pone en entredicho
con el jueguito-encuesta
que llama Saber Pro,
para, supuestamente, descubrir a quién,
durante el pregrado universitario,
aprendió a calcular promedios y quién no,
promedio es el significado de “Pro”.
El ranking de Shanghai se basa
en el número de egresados
que ganaron el Nobel,
de profesores con Nobel,
de papers en Science y Nature.
Tú y yo somos egresados de la Nacho.
La efigie del Che no les produce
buena opinión a los empleadores.
Se que tú quisiste estudiar en la
San Martín, pero tus padres
no tenían con qué pagarla.
Ni tus familiares ni los míos
fueron unos zarrapastrosos.
Si lo fuéramos, no hubiéramos logrado,
como lo hicimos, pagar entrenamientos
en los negocios de preicfes,
sin los cuáles es imposible
ganar el dichoso test
de 120 preguntas
de escogencia múltiple.
Si no les hubiéramos aceptado,
que más importante que el conocimiento,
es aprender a responder tests,
a una universidad pública,
jamás hubiéramos ingresado.
Eufemísticamente, el rector dice que el test
es “indicador confiable de las habilidades
y los conocimientos de los aspirantes.”
La diferencia entre tú y yo
es que tú sólo quisiste, sin lograrlo,
sacar buenas notas, mientras que
a mi si me interesan los saberes.
Te tocó en la Nacho, las materias
eran duras, perdiste varias,
algunas las ganaste pasteleando,
de poco te sirvió ser Pilo o Pijo,
hiciste en siete años la carrera
que en la de garaje
hubieras hecho en menos,
y con pocos esfuerzos.
Yo hice la mía en cinco.
Por eso entiendo que ahora, tengas
oportunidad de lograr lo que soñaste,
que te sientas feliz entre la burocracia.
Y como tienes poder,
a los candidatos a cualquier convocatoria
los prefieres si se graduaron en una
de las 500 principales de Shanghai.

El gran burócrata, humilde.
Al que anda entre la miel,
algo se le pega, Franco.
Me metí a la burocracia porque
creí que era el camino del éxito.
Y aquí ya se tiene una
"cultura organizacional"
que yo no puedo cambiar.
Adoptarla como propia,
es el "peaje" que tenemos que pagar
quienes, como yo, queremos
una carrera política para
llegar más alto.
No creas que en este cargo
me contagié del síndrome de Estocolmo,
soy consciente de mi discurso mentiroso.
Ustedes los científicos
trabajan en la frontera del conocimiento
porque están en hombros de gigantes.
Yo estoy donde estoy
por recomendaciones políticas,
también estoy sobre hombros,
no se si de gigantes,
pero si de políticos más fuertes que yo.
Los verdaderos gigantes
son los "cacaos",
se que nos mandan a todos,
pero nunca los veo, sólo a mis jefes.
Cada que ellos se mueven,
yo me muevo, eso me marea,
lo peor es que cuando caen,
de lo alto me caigo yo.
Las convulsiones en este medio son frecuentes.
Tal vez tú no las logras detectar.
Comprenderás que no pertenezco
a las familias dueñas del país.
Por eso es que tú sí sabes quien soy yo.
Bastante ventaja tengo al
lograr mis altos cargos
sin someterme a los concursos,
rankings y trámites,
que yo promuevo para contratar
a los que no son de alta cuna,
ni tienen mis palancas,
en las universidades.
Soy de libre nombramiento.
Tú fuiste mejor estudiante que yo,
pero ñero es ñero,
por eso sigues con veleidades
de sindicalista.

Pero no creas que tú eres
mucho mejor que yo.
Yo también se quien eres tú.
Tengo datos que muestran que las trampas
también forman parte de tu día a día.
Tú y yo somos de los mismos.
El poeta diría:
"En el hombre existe mala levadura.
Cuando nace viene con pecado."
El plagio no te es ajeno,
tampoco el auto-plagio,
ni la auto-citación.
Los papers los haces,
como con máquina de chorizos,
sabes que el secreto está en hacer bien,
el nudo del comienzo y del final.
Participas en investigación grupal,
los chicos más fuertes logran
los más importantes resultados,
y los demás salen a contar
lo que les vieron hacer
como si ellos mismos lo hubieran hecho.
A todos les dices
que "fue una colaboración".
También se que eres usuario
de algunos productos
de la industria
de generación de indicadores.
Sabes muy bien que una clave
de éxito es asesorarte
"de los que saben".
Me contaron que hace años
pagaste cursos por internet,
donde te enseñó Elsevier
a ser publicador exitoso
de papers científicos.
Te enseñaron el abc:
Saber asesorarse, nunca trabajar solo,
mejor con una agencia de "coaching".
Parte de la plata del proyecto
la dedicas a contratar
a quien te fabrique las muestras,
otra a quien te las analice,
otra a quien realice las estadísticas,
un estudiante te hará las gráficas,
y te colaborará en el paper,
tú escribirás la introducción
y el estado del arte,
tu colaborador externo las conclusiones.
Con el rubro "publicaciones"
contratarás la traducción al inglés
y asesoría en el resto:
Los aspectos éticos y legales,
el envío a la revista correcta,
la fabricación de indicadores de “métrica”,
en fin, lograr investigación de “impacto”.
Eso si, no puedes colocar
los nombres de todos tus contratistas,
porque tus papers quedarían con
decenas y decenas de autores.
Al dividir 15 puntos por 100,
el 1279 te daría sólo una décima de punto,
mil devaluados pesos.
Asesoría Jurídica te lo avalará:
Los contratistas no son investigadores.
Para publicar no se requiere
saber del tema,
mucho menos saber inglés.
Mis colegas burócratas
de la universidades
usan el inglés como traba
para disminuir los aspirantes
a realizar estudios de posgrado.
Tampoco necesitaste
sentir pasión por la ciencia.
Tus asesores son quienes deben
aportar las mayores ideas,
para eso les pagas.
Un juicioso conocimiento
de las posibilidades del decreto 1279,
te puede significar ingresos mayores
que los de muchos burócratas,
sin la angustia que se deriva
de pararse en los hombros de un político.
Tu aureola de investigador,
te permite un plácido transcurrir
en la universidad,
sin las afugias del profesor de cátedra,
con estabilidad, ganándote
en una hora de clase,
lo mismo que aquél en diez.
Te beneficias de un sistema
que permite una élite minúscula
de científicos para exhibir.
Y como si esto fuera poco,
quieres hacer pinitos de político
y burócrata: Jefe, decano, asesor,
miembro del equipo rectoral,
y también, ¿por qué no?,
llegar a un cargo
como el que logré yo.
Porque yo también fui profesor.
Y no te olvides de que
los odiados términos de referencia,
de la clasificación de investigadores
y grupos, los escribió
otro profesor como tú.

Mi amigo Franco se sintió
terriblemente avergonzado.
Escribió en un comunicado:
Descubrí que ese horrible burócrata
sufre del mismo mal que todos nosotros,
el arribismo y la ambición.
Incluso tiene un ego
más pequeño que el nuestro.
Tiene el cuero duro por el palo le dan.
Sus prejuicios sobre
la "excelencia", la "perfección",
la "medición" y la "objetividad",
se formaron nada menos que aquí,
en la academia.
Los gringos le aportaron sólo esa jerga
presuntuosa y fastidiosa,
pero sus conceptos como tales
son pura "industria nacional".
Debes comprender que el pobre
nunca ha visitado un laboratorio
de talla internacional.
Si de pronto está cerca de un Nobel,
lo único que se le ocurre preguntarle
es que si le permite tomarse una foto con él.
¿Qué hacer para evitar que sus sangrientos
ataques se repitan con periodicidad?
Lo primero será neutralizarle sus fetiches
de las "mediciones" de la “calidad”.
Durante un tiempo se quedó tranquilo
sin atacar a nadie.
Eran épocas de Diálogos de Paz.
Habló de reemplazar a Colciencias
por un ministerio, soñó con ser ministro.
Hasta organizó reuniones para discutir
si los conocimientos, la ciencia
y la innovación requerían
más libertad y menos control.
Aparentaba ser todo oídos,
tomaba notas, daba la palabra.
Se aprendió frases
de Foucault, Negri, Hardt,
Agamben y Esposito.
Sería mucho pedir que se leyera
Nacimiento de la Biopolítica
o Vigilar y Castigar.
Hasta compró
La Civilización del Espectáculo,
le gusta el antichavismo de Vargas Llosa.
Eso si, se quedó sin enterarse
de La Sociedad del Cansancio,
La Sociedad de la Transparencia,
En el Enjambre, Psicopolítica,...
de Byung-Chul Han.
Ignoró Razones Para la Anarquía de Noam Chomsky.
Pese a eso, Franco sintió que
había logrado su cometido: No podía esperar más.
Él mismo se comprometió a colaborar,
su ejemplo cundió y los investigadores
realizaron su trabajo
en libertad y sin control,
incluso al margen del Estado,
movidos por la verdad y el deseo de saber,
aportes a la ciencia ocurrieron en el interregno.

Después de este encuentro,
Franco de ausentó.
Y el burócrata intelectualizado, humanizado,
se alejó de la academia y de la sociedad.
Volvió con los que cree suyos:
Los delfines y caciques regionales.
Recomenzó su cruzada con fuerzas renovadas.
Porque "desde presidencia" le ordenaron
que aumentara como fuera
los indicadores de Ciencia,
Tecnología e Innovación.
Porque el nuevo gobierno quiere
que Colombia entre a jugar
en las Grandes Ligas
de la OCDE y de la OTAN.
El soñado encuentro
con planeación y presidencia",
el inesperado contrato para
redactar un capítulo del CONPES,
le trajeron nuevas energías.
La bestia emprendió nuevas cruzadas.
Saber 11 y Saber Pro son insuficientes,
trajo entonces Saber 5, Saber 7, Saber 9.
¡Saber Kinder, Saber Doc!.
Propuso una ley para que Saber Pro
ranqueara todos los profesionales.
Otra para dar puntos del 1279 por índice h.
Otra más para imponer
tests de inteligencia y polígrafo, índice h,
resultados aprobatorios del Test de Salud Mental
y puntaje de 90 en las Pruebas Saber Doc,
para llegar a profesor de universidad pública.
El poeta diría:
Exhalaba los fuegos de Moloch y de Satanás.”

Cuando Dr. Franco regresó
todos lo buscaron alarmados.
Para actualizarlo acerca
de las nuevas andanzas
del terrible burócrata
neoliberal del post-conflicto.
Camuflado lo encontró
detrás de la cortina de humo de La Paz.
Tenía escrito un gran letrero:
Educación de la Tercera Vía, con ánimo de lucro”.
Dr. Franco cual exorcista le dijo,
con las mismas palabras del
poeta: “¿Por qué has vuelto al mal?”
¿Por qué te empeñas en los ranking?
Contesta. Te escucho.

Dr. Franco, contestó la bestia:
Cumplí mi acuerdo contigo,
me acerqué a la academia,
ingresé a un grupo de investigación,
conocí de cerca a todos tus colegas.
El ranking de Harvard es
mejor que el de la Nacional.
Mi jefe se doctoró en Harvard,
por lo tanto consideraba que yo,
obviamente debía subordinarme a él.
La falacia Secundum Quid no es exclusiva
de Colciencias, vino de la universidad.
Nunca vi más feliz a tu joven colega
que durante el mes que se dedicó
a actualizar su CvLAC.
Descubrió que tenía citaciones,
que su índice h valía 17.
A todos les preguntaba:
¿En cuánto está tu índice h?
Muy feliz se sintió
cuando le aceptaron un paper
un Physikalische Zeitschrift,
porque allí publicó Einstein
su artículo sobre la relatividad.
Por definición, todo artículo
publicado allí tiene alto impacto,
por lo tanto consideró que su
investigación se podía comparar
con la del artículo de Einstein.
Otro gran investigador, veterano,
de índice h = 74, promovió cambio
de reglamento del Comité Nobel:
¿Cómo es posible que el Nobel,
de medicina y fisiología, se le
esté asignando a personas
con menor índice h que el mío,
a personas que publican en bioRxiv?”
Con Nobel colombiano, su institución
pasaría a la lista Shanghai, o QS.

El burócrata en su ingenua sinceridad,
tuvo entera razón.
La complejidad del tema
de la medición científica
lo igualó con el flamante egresado de Harvard.
Por la cabeza de ninguno de los dos
pasó la idea de que el ranking
sea una imposibilidad metrológica.
Que si fuera legítimo
hablar del ranking de los científicos,
lo verdaderamente importante serían
los aportes a la “ciencia”.
Ni el burócrata ni el de Harvard
reconocieron que la pregunta obvia,
más que por el índice de impacto, es:
¿Qué fue esa cosa tan importante,
que investigó Dr. X, y que le publicaron
en Physikalische Zeitschrift?.

¿Qué aportan las revistas?
Nada, les dije, estorban más que ayudan:
El referato lo hacen los autores mismos.
Existen sistemas de auto-publicación
que permiten hacer el referato
en tiempo real,
el que lee el paper puede
inmediatamente hacer comentarios.
Si el paper tiene errores,
inmediatamente puede recibir feedback.
La revista implica esfuerzos adicionales,
cosas cosméticas, y diálogos insulsos
con editores y referees.
La revista implica costos
adicionales innecesarios
para los autores
y las instituciones. Son un NEGOCIO.
Al rankear los profesores
con base en las citaciones
y el impacto de las revistas
se abre un mundo de corrupción y trampas:
Publicar por publicar,
yo te cito, tú me citas, yo me autocito, ...
La revista pierde de vista que el asunto
es resolver problemas relevantes de ciencia.
¿Que son “curadores de la ciencia”?
Eso era cierto en las épocas del papel,
hoy muy pocos hojean las revistas,
algunas ni siquiera se imprimen.
La revista lo encarece todo,
pone en crisis las universidades,
el gobierno aumenta el punto en 7.5%
pero sólo les aumenta el presupuesto
a las universidades en el 6%.
Luego los profesores
le hacen el mandado a la mafia
pidiendo que las universidades paguen
las costosas suscripciones a las revistas,
el espejito mágico de los científicos.

Encontré que los científicos son unos ególatras.
Que odios, envidias, mentiras formaban su día a día.
Yo, poseído de intelectualidad, prediqué
la necesidad de hacer investigaciones de verdad.
Que las ideas realmente nuevas, las de verdadero
impacto tenían su origen en el corazón.
Que incluso pueden crearse,
por fuera de la institucionalidad,
sin enormes recursos financieros.
Se burlaron de mi. El matoneo fue horrible.
No tuve más acceso a universidades y laboratorios.
Entonces, sin poder evitarlo,
del fondo de mi ser emergió, con fuerza,
el burócrata que siempre fui.
Con más bríos, dada mi mayor experiencia.
Volví con mis amigos de conveniencia,
me metí a la campaña de Vargas Lleras.
Allí me disiparon todas las dudas.
Antes, el matoneo de los “perdedores”,
como tú, que ciertamente son la mayoría,
luego, el de los “ganadores”, como Dr. X.
Reconozco que en el grupo de los ganadores,
también hay perdedores, pero tú
bien sabes que ¡yo siempre fui un Ganador!.
Por lo tanto, hermano Franco,
sigue tu camino solo, no cuentes más conmigo.

Dr. Franco no le dijo nada.
Igual que el Santo de Asís,
partió con lágrimas y desconsuelos.
Entendió por qué
el burócrata que lleva adentro triunfó:
Ese sistema centralizado,
unificado y estandarizado, estatalizado,
es el soporte natural de esa casta
de funcionarios, incultos, casi analfabetos,
que se ganan la vida haciendo arqueología
de lo que los sabios producen y
a quienes quieren controlar.
Sin ese sistema estarían condenados al mísero
desempleo del resto de sus conciudadanos.
Afortunado, feliz, dichoso, venturoso, agraciado,
fausto, contento, el burócrata anunció:
Hemos concluido que nuestro sistema de medición,
calificación y clasificación es perfecto.
Se animó aún más porque el rector dijo:
Estoy convencido de que
los rankings llegaron para quedarse.”
A Franco sólo le quedó la lección de que
los científicos son ambiciosos
por culpa de nuestro modelo de sociedad:
Competir, competir y competir.
Producir, producir y producir.
Consumir, consumir y consumir.
Contaminar, contaminar y contaminar.
Publicar, publicar y publicar.
Que la ciencia no está inmune. Que
por eso una nueva basura contamina el mundo:
Los "papers". Un gramo de paper científico
o técnico, vale más que un gramo de oro.
La mayoría de ellos sobre trivialidades,
en los mejores casos son "más de lo mismo",
aplicaciones de lo que ya se sabe o nuevos detalles.
Elaborados sólo para mejorar el ranking.
Sin el 1279, la producción de papers caería,
pero ni en lo más mínimo la ciencia se afectaría.
"El científico de prestigio de hoy en día
utiliza más sus habilidades como gestor y administrador
que como físico, matemático, químico o biólogo",
dice Martín López Corredoira.
Al menos le quedó la lección de que
medir” la “ciencia” de uno de los países
de mayor atraso científico es LOBÍSIMO.
Por eso el presente escrito se pudo titular:
"Los Motivos del Lobo", “Ser Pijo Paga” o,
sin cometer plagio, "El Canto del Pijo".