La revista Utopía y praxis latinoamericana presenta su Vol. 25, Núm. 89 (2020). Da click en la imagen para que puedan acceder a ella.
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martes, 7 de abril de 2020
viernes, 3 de abril de 2020
Filosofía contra el miedo al virus
MARTES, 24/03/2020 - 22:16
Pasada la primera y brutal sacudida de la realidad,
la perplejidad empieza a dar paso al debate de ideas sobre qué
camino tomará la sociedad occidental que emerja de la pandemia.
En este combate filosófico destacan de momento dos púgiles: el surcoreano Byung Chul Han, que advierte de que el éxito de la
lucha contra el virus a través de la vigilancia digital generará un capitalismo autoritario de estilo asiático, y el
esloveno Slavoj Zizek, que opina que esta crisis supone el
fin del capitalismo y abre la puerta al retorno de un comunismo
idealizado.
Entre el blanco y negro de estas opciones existe
una extensa gama de grises, que va desde los pensadores que aseguran que todo
cambiará a los que apuestan que todo seguirá más o menos igual. También hay
posiciones que, no por menos difundidas, resultan menos valiosas. Es el caso
de Josep Maria Esquirol que, en coherencia con su
popular ensayo 'La resistencia íntima', prefiere el recogimiento y “no hablar demasiado”.
Aunque, como afirma Daniel
Innerarity, en momentos de desesperación la sociedad recurre a los
filósofos, lo cierto es que el primero en plantear ampliamente la cuestión de
¿y ahora qué? (y no solo su opinión) ha sido un historiador. En un artículo
publicado por el 'Financial Times' que se ha convertido en viral, el
israelí Yuval Noah Harari ha escrito que “las decisiones que tomen los gobiernos en las próximas semanas
cambiarán el mundo para siempre”.
El autor del superventas 'Sapiens' afirma que
nos encontramos ante dos elecciones posibles: “la primera es entre la vigilancia digital totalitaria (en la línea que
denuncia Byung Chul Han) y el empoderamiento ciudadano”
y la segunda “entre el aislamiento nacionalista y la
solidaridad global” (línea Slavoj Zizek).
¿Habrá un 'poscovid'?
Josep Ramoneda se
muestra prudente: “Está claro que esto es el fin de un ciclo pero
¿habrá realmente un 'poscovid'? –reflexiona el exdirector del Centre de Cultura
Contemporància de Barcelona--. Yo no me atrevo a decirlo aún. En nuestros
sistemas de poder existe la tendencia a intentar pasar página como si no
hubiera pasado nada, pero también es verdad que los grandes cambios de la
humanidad se han hecho con guerras, crisis económicasy epidemias”.
A Ramoneda le preocupa el prestigio de las
soluciones autoritarias y que el miedo lleve a los ciudadanos a aceptar cosas
que antes se considerarían inaceptables. “Se había reducido a la sociedad a una
suma de individuos y solo nos han vuelto a juntar frente
a una amenaza de muerte –apunta--. Pero, paradójicamente, para
juntarnos nos han separado, obligándonos a dejarnos
de tocar, que es parte de nuestra esencia”. Frente a esta paradoja,
Ramoneda evita hacer vaticinios sobre futuras movilizaciones populares.
Por su parte, Victòria Camps destaca
que de esta crisis “deberíamos extraer una lección de humildad”, pero teme que
este aprendizaje pueda caer en el olvido en cuanto el país se recupere. Para la
filósofa, Premio Nacional de Ensayo 2012, es especialmente importante analizar
la experiencia del confinamiento.
“De golpe nos hemos encontrado ante una limitación de la libertad impensable hace unas semanas –afirma--.
Lo aceptamos porque tenemos miedo al contagio, el nuestro y el de los demás.
Nos hemos vuelto disciplinados y obedientes, en parte por coacción, pero
también porque entendemos que tenemos que cuidarnos. La cultura individualista ha quedado aparcada por el bien común y
a causa de la incertidumbre estamos recuperando la confianza en el estado y el
gobierno porque necesitamos alguien que nos diga qué tenemos que hacer”.
La madre de todas las crisis
Sin embargo, ni siquiera la
madre de todas las crisis ha logrado frenar del todo el ritmo
frenético de la sociedad para pararse a pensar. Pese a todo el dolor y el
horror, muchas personas siguen trabajando, yendo a clase, haciendo exámenes,
consumiendo cultura y quedando con los amigos en línea, profundizando en esa
sensación de perplejidad.
“La digilitación elimina la realidad”,
escribe Byung Chul Han. En este contexto ha tenido mucho eco un
tuit escrito por Santiago Alba Rico: “Esta sensación de irrealidad se debe al hecho de que
por primera vez nos está ocurriendo algo real. Es decir, nos está ocurriendo
algo a todos juntos y al mismo tiempo. Aprovechemos la oportunidad”.
Naomi Klein no es
filósofa pero a la autora de 'La doctrina del shock' se le reserva un lugar
preeminente en este debate. Ella fue de las primeras en aportar su
visión: “Esta crisis, como las anteriores, podría ser el catalizador para que
toda la ayuda caiga en los intereses de los más ricos, incluyendo los
responsables de esta crisis, mientras que las familias pierden sus ahorros y
los pequeños negocios cierran”.
Aún más pesimista se ha manifestado la también
norteamericana Judit Butler que, ciñéndose al
escenario de su país, prevé para el próximo año “un doloroso escenario en el
que algunos seres humanos impondrán su derecho a vivir a expensas de otros”.
Volviendo al combate entre Han y Zizek, el esloveno
(autor del ensayo 'Sobre la violencia' y conocido por no morderse la lengua) coincide
con Butler: “¿Nos estamos preparando para aplicar la lógica más
brutal de la supervivencia del más fuerte? –escribe--. La elección
está entre esto o un tipo de comunismo reinventado […] Se acabó lo de ‘América
(o quien sea) primero!’. América solo puede ser salvada a través de la
colaboración global”.
Ante la mención del “comunismo”, aunque sea un
sentido de comunitarismo global, Han ha saltado como un resorte y ha escrito en
'El País' que, lejos de ser la tumba del capitalismo, la pandemia será el altavoz del éxito del modelo chino y, junto
a la inteligencia artificial, provocará una nueva mutación del capitalismo.
Fuente: elPeriódico.com
‘La peste’: Albert Camus en los tiempos del coronavirus
En su novela el escritor describe su tiempo y su tierra natal, pero su novela trasciende su marco temporal y geográfico, adquiriendo el rango de metáfora universal
Rafael Narbona. 17 de marzo 2020

¿Qué nos enseñó La peste, de Albert Camus? Que las peores epidemias no son biológicas, sino morales. En las situaciones de crisis, sale a luz lo peor de la sociedad: insolidaridad, egoísmo, inmadurez, irracionalidad. Pero también emerge lo mejor. Siempre hay justos que sacrifican su bienestar para cuidar a los demás. Publicada en 1947, La peste intenta ser una respuesta al dolor desatado por la Segunda Guerra Mundial. Ambientada en Orán, narra los estragos de una epidemia que causa centenares de muertes a diario. La propagación imparable de la enfermedad empujará a las autoridades a imponer un severo aislamiento. Todo comienza un dieciséis de abril. En esas fechas, Orán es una ciudad con una vida frenética. Casi nadie repara en las existencias ajenas. Sus habitantes carecen de sentido de la comunidad. No son ciudadanos, sino individuos que escatiman horas al sueño para acumular bienes. La prosperidad material siempre parece una meta más razonable que la búsqueda de la excelencia moral.
El Covid-19 o coronavirus ha impulsado a muchos lectores a releer o a leer por vez primera La peste, buscando recursos para afrontar el largo exilio en casa impuesto por las autoridades sanitarias. La enfermedad siempre está ahí, pero pensamos que solo le concierne a los otros. Ahora es asunto de todos. Nuestra campana de cristal se ha agrietado. No somos invulnerables. Oriundo de la Argelia francesa, Camus describe en La peste su tiempo y su tierra natal, pero su novela trasciende su marco temporal y geográfico, adquiriendo el rango de metáfora universal. Sus reflexiones resultan particularmente esclarecedoras en estos días. Camus señala que la irrupción de una epidemia letal nos hace meditar sobre el tiempo. Normalmente, no percibimos su espesor, el abanico de posibilidades que contiene cada minuto. Solo hay una forma de comprender su carga fructífera: “sentirlo en toda su lentitud”. Esa experiencia se hará asequible para todos con la peste, pero la incertidumbre y el miedo transformarán la lentitud en parálisis, estancamiento. El tiempo no se adapta a nosotros. Somos nosotros los que debemos aprender a experimentarlo en toda su plenitud. El tiempo es el barro del que estamos hechos. No podemos permitir que pase de balde, sin producir frutos. No es posible volver atrás. El tiempo perdido es irrecuperable.
La expectativa de la enfermedad y la muerte nos coloca ante las preguntas fundamentales que solemos evitar o postergar. Camus piensa que no existe Dios, que la fe es una expresión de impotencia, pero opina que el escepticismo no nos has hecho más libres. Solo nos ha dejado más desamparados. La capacidad de sacrificio del doctor Rieux, protagonista de La peste, pone de manifiesto que atribuimos una importancia excesiva a nuestro yo. La grandeza del ser humano reside en su capacidad de amar, no en su ambición personal. No hay nada hermoso en el dolor, pero indudablemente nos abre los ojos y nos obliga a pensar. Rieux no se acostumbra a ver morir a sus pacientes. Piensa que la respiración de un moribundo es una objeción irrebatible contra la supuesta bondad de la vida. La vida es absurda, ilógica. La inteligencia del hombre solo le hace más desgraciado, pues le muestra que el universo está gobernado por el azar. Camus admite que sin la perspectiva de lo sobrenatural, todas las victorias del hombre son provisionales. La victoria definitiva y total corresponde a la muerte. Para Rieux, la existencia solo es “una interminable derrota”. Su filosofía se reduce a eso. No es mucho, pero es una convicción vigorosamente respaldada por la miseria física y moral que aflige –en mayor o menor grado– a la humanidad. Camus piensa que el mal y la indiferencia son más abundantes que las buenas acciones. El hombre no es malo por naturaleza, pero su conocimiento de las cosas es deficiente. Sus actos más nefandos proceden de la ignorancia. Es la tesis del intelectualismo socrático, que Camus ratifica con una frase feliz: “no hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible”.
Texto completo en:
https://elcultural.com/la-peste-albert-camus-en-los-tiempos-del-coronavirus?fbclid=IwAR3cAOIryXalR6_E54D7fbc16f0TByNS3svjt0y-tG-MAGWwpRh2g5jFmGE
lunes, 24 de febrero de 2020
El lugar de Estanislao Zuleta en la filosofía colombiana
3 Feb 2020 - 10:52 AM
Damián Pachón Soto
[...] El pensamiento de Estanislao Zuleta no se comprende si no se lo enmarca en el contexto que vivía la Colombia de los años 30, las limitaciones del tipo de educación que se ofrecía en el país, las nuevas dinámicas filosóficas que surgen con la llamada (y debatida) normalización filosófica, la violencia orquestada por las élites colombianas, la agitación social y política, al igual que el clima intelectual y cultural que vivía Colombia. Tener en cuenta estos aspectos es fundamental para poder determinar su puesto en la filosofía colombiana del siglo XX. Veamos.
[...] Su ethos filosófico
Estanislao Zuleta fue un buen conocedor de Marx, pero no mantuvo una actitud servil ante su pensamiento. Como he escrito en mi libro Estudios sobre el pensamiento colombiano (volumen I): “la relación de Zuleta con el marxismo fue fructífera y totalmente crítica. Por eso Zuleta se consideró un marxista kantiano, un marxista freudiano, un marxista hegeliano, pero, en todo caso, un marxista…no hay que olvidar que Zuleta no se preocupó por el marxismo, el psicoanálisis, la literatura, el arte, etc., en sí mismos, sino como herramientas para pensar un problema específico. Zuleta criticó en muchos aspectos al marxismo, por ejemplo, consideró que Marx idealizó al proletariado, despreció la pequeña-burguesía, dio demasiada importancia a la economía sobre la ideología (aunque sostuvo que en Marx no hubo un economicismo)…no compartía del concepto de alienación, así como el asunto de la toma del poder, la propuesta de abolición del Estado…su concepción de los derechos humanos”, entre otros aspectos. Sin embargo, consideró que en lo fundamental su crítica al sistema capitalista era correcta, al igual que valoró su teoría del conocimiento y su anatomía de la sociedad burguesa. En pocas palabras, Zuleta mantuvo una distancia crítica, libre y auténticamente filosófica frente a Marx, actitud muy diferente a la de los filósofos especializados que, en muchos casos, viven de exprimir las obras de sus ídolos, con posturas regularmente acríticas y apologéticas.
Gutiérrez Girardot llamó a Estanislao Zuleta tan sólo un “piadoso lector”, un multifilósofo, una figura imaginaria que gustaba cargar de ocurrencias a sus oyentes, pero en realidad el antioqueño fue un filósofo cabal, un lector apasionado, un erudito, que se atrevió a pensar por sí mismo, lanzando ideas, interpretaciones, generando controversias, yendo mucho más allá de lo que María Zambrano llamó “una filosofía profesoral”. Zuleta concebía la filosofía como una forma de vida, un saber comprometido con la existencia y con la sociedad y su transformación; como “vigilancia crítica, territorio del debate, impulso a la fecundidad del pensamiento”. Él fue un crítico de la cultura colombiana, de las realidades sociales y políticas, del sistema educativo; se la jugó por la paz de Colombia, como lo evidencia su participación en el gobierno de Belisario Betancur, y llamó al diálogo y la conversación como herramientas para construir una mejor convivencia pacífica en el país.
Si bien desarrolló su pensamiento por fuera de las facultades oficiales de filosofía, no hay duda de que su pensamiento, que abarcó la literatura, el arte, la poesía, la filosofía, la historia, la economía política, pasando por autores como Kafka, Thomas Mann, Nietzsche, Hegel, Lacan, Freud, Marx, Platón, Heidegger, Goethe, entre otros, movilizó afectos y pasiones por la filosofía y el pensamiento en Colombia.
Si el verdadero filósofo es solo “aquél que asume el riesgo de pensar; que crea posibilidades nuevas de entender, de valorar o de saber”, como decía Darío Botero Uribe, otro outsider de la filosofía en Colombia, sin duda alguna Estanislao Zuleta fue uno…y de los mejores. Pocos pueden vanagloriarse de ese mérito. Por lo demás, sus obras hoy publicadas, transcritas de sus múltiples conferencias, entre ellas, lógica y crítica, El pensamiento psicoanalítico, Arte y filosofía, Thomas Mann, La montaña mágica y la llanura prosaica; Colombia: violencia, democracia y derechos humanos, así lo corroboran.
Su legado y su actualidad, pues, no se pueden desconocer. Basta recordar que ya desde 1985 en el libro La filosofía en Colombia, compilado por Rubén Sierra Mejía, el mencionado artículo “Marxismo y psicoanálisis” fue incluido, con lo cual se inicia un temprano reconocimiento a sus aportes, sin embargo, hasta la fecha, es el libro del profesor Alberto Valencia “En el principio era la ética. Ensayo de interpretación del pensamiento de Estanislao Zuleta” (1995, 2015), el que mejor y más sistemáticamente ha abordado su pensamiento. Igual reconocimiento ha recibido su obra por parte de filósofos como Pablo Guadarrama González.
Hoy, 30 años después de su muerte, es necesario recordar su figura, su legado y, ante todo, se hace necesario reivindicar su actitud filosófica en un mundo donde cada vez hay mayor orfandad del pensamiento.
Artículo completo en:
https://www.elespectador.com/noticias/cultura/el-lugar-de-estanislao-zuleta-en-la-filosofia-colombiana-articulo-902800
3 Feb 2020 - 10:52 AM

Gutiérrez Girardot llamó a Estanislao Zuleta tan sólo un “piadoso lector”, un multifilósofo, una figura imaginaria que gustaba cargar de ocurrencias a sus oyentes, pero en realidad el antioqueño fue un filósofo cabal, un lector apasionado, un erudito, que se atrevió a pensar por sí mismo, lanzando ideas, interpretaciones, generando controversias, yendo mucho más allá de lo que María Zambrano llamó “una filosofía profesoral”. Zuleta concebía la filosofía como una forma de vida, un saber comprometido con la existencia y con la sociedad y su transformación; como “vigilancia crítica, territorio del debate, impulso a la fecundidad del pensamiento”. Él fue un crítico de la cultura colombiana, de las realidades sociales y políticas, del sistema educativo; se la jugó por la paz de Colombia, como lo evidencia su participación en el gobierno de Belisario Betancur, y llamó al diálogo y la conversación como herramientas para construir una mejor convivencia pacífica en el país.
Su legado y su actualidad, pues, no se pueden desconocer. Basta recordar que ya desde 1985 en el libro La filosofía en Colombia, compilado por Rubén Sierra Mejía, el mencionado artículo “Marxismo y psicoanálisis” fue incluido, con lo cual se inicia un temprano reconocimiento a sus aportes, sin embargo, hasta la fecha, es el libro del profesor Alberto Valencia “En el principio era la ética. Ensayo de interpretación del pensamiento de Estanislao Zuleta” (1995, 2015), el que mejor y más sistemáticamente ha abordado su pensamiento. Igual reconocimiento ha recibido su obra por parte de filósofos como Pablo Guadarrama González.
Hoy, 30 años después de su muerte, es necesario recordar su figura, su legado y, ante todo, se hace necesario reivindicar su actitud filosófica en un mundo donde cada vez hay mayor orfandad del pensamiento.
Artículo completo en:
https://www.elespectador.com/noticias/cultura/el-lugar-de-estanislao-zuleta-en-la-filosofia-colombiana-articulo-902800
Nueva edición de la Revista Filosofía UIS
El Observatorio Filosófico de Colombia extiende la invitación para consultar la nueva edición de la Revista Filosofía UIS, que pertenece a la Universidad Industrial de Santander.
https://revistas.uis.edu.co/index.php/revistafilosofiauis/
Número actual
https://revistas.uis.edu.co/index.php/revistafilosofiauis/
Número actual
Vol. 19 Núm. 1 (2020): Revista Filosofía UIS

Filosofía e inteligencia artificial
Kant entre robots, Hegel con inteligencia artificial
Muchas de las aplicaciones del adjetivo “racional” en el sector de la tecnología —sistemas de inteligencia artificial y aprendizaje profundo, robótica, blockchain, big data, etc.— son poco claras. O lo son demasiado, porque no alcanzan a decir nada concreto. Por ejemplo, afirmar que un entorno es “racional” equivale a asegurar que es inteligible, o sea, que puede ser entendido a través de la razón. ¿Y qué significa exactamente eso entre los dispositivos de la cuarta revolución industrial?
Algunos de los usos más extendidos de este concepto se deben al sociólogo Max Weber, que hace setenta años ya distinguió la “racionalidad de los fines”, que se refiere a los objetivos que son medios para otros propósitos más complejos, de la “racionalidad del valor”, que se supone absoluta. Si, como preconizan administraciones de todo el mundo y poderosas corporaciones como Facebook o Google, el fin que se persigue con la industria 4.0 es una sociedad igualitaria, esta sería más racional que otra que fuese enormemente injusta. Sin embargo, las grandes declaraciones de intenciones continúan siendo difíciles de plasmar.
¿Cuál es la razón de las máquinas?
¿Cuál es la razón de las máquinas?
Como a los filósofos, a los ingenieros les preocupa determinar qué género, clase o forma tiene la razón. El influyente José Ferrater Mora ya habló de múltiples tipos: universal, particular, natural, adecuada, humana, divina, etcétera. ¿Cuál sería la de las máquinas? O, al menos, ¿qué combinación de ellas serviría para estos aparatos? A menudo, se asimila esta idea a una facultad; otras veces, al intelecto; hay ocasiones en las que la palabra funciona como sinónimo de prueba, o de explicación. Los profesionales del márketing intercambian estos vocablos a su antojo.
No obstante, centros de producción como Silicon Valley y de investigación como el Massachusetts Institute of Technology (MIT, Estados Unidos) han abierto un intenso debate alrededor de esta cuestión. De hecho, cabría pensar que se trata de la cuestión más profunda que están abordando ahora mismo. No en vano estasdiscusiones sobre ética son más encendidas que las controversias informáticas. La corriente de opinión mayoritaria se apoya en teorías clásicas, de autores como Karl Popper, Hans Albert e incluso G. W. F. Hegel e Immanuel Kant, para apuntar que esta razón, al ser analítica, presta atención a los procesos lógicos y matemáticos de inferencia y deducción.
Pero, al mismo tiempo, elabora descripciones y se examina a sí misma. Va más allá de lo meramente instrumental, práctico y mecánico. Al plantearse la posibilidad de que su racionalidad conformase un conjunto de normas independiente de su eficacia, la distancia entre personas y robots se reduciría hasta desaparecer. De este modo, habría que dejar de pensar en estos entes artificiales como “utensilios” o “instrumentos”, según las definiciones tradicionales de pensadores como John Dewey o Martin Heidegger.
¿Para qué sirve entonces la filosofía en la cuarta revolución industrial? Alasdair MacIntyre, una figura clave en la reactivación del interés por la “ética de la virtud”, sostiene que no hay política sin ética, porque estos dos conceptos no pueden separarse. La vida en comunidad, explica este profesor de la Universidad de Notre Dame (Estados Unidos), exige que los ciudadanos sean virtuosos. La virtud es una cualidad, se puede aprender, no viene de un gen. Por lo tanto, como añaden los gurús de Palo Alto, si la pueden adquirir de esta forma los seres humanos, también los sistemas digitales.
Artículo original en :
https://www.lavanguardia.com/tecnologia/20200111/472778317152/etica-robots-inteligencia-artificial.html?fbclid=IwAR3n83hU5axwgNdGG7Gk153-jJTqjFuaAymagD8H903Guybu77qBZCFv__w
“Apocalípticos e integrados” por Umberto Eco

R.D. MORLIZ Reseñas
Siempre es necesaria la reflexión sobre los fenómenos que rodean nuestro tiempo, el libro al cual se refiere esta reseña es precisamente uno de esos casos. Por lo tanto, hablamos de una recomendación de lectura que puede ser de interés de todos, en cuanto que nadie será ajeno al discurso presente en estas páginas.
En “Apocalípticos e integrados” Umberto Eco nos trae una serie de ensayos sobre la cultura de masas, a la que pertenecemos todos. En ellos analiza la estructura del mal gusto, la lectura de cómics, el mito de Superman, la canción de consumo, el papel de los medios audiovisuales como instrumento de información o el influjo de la televisión en la actualidad.
Basándose en estos fenómenos, Eco se plantea el problema central de la doble postura ante la cultura de masas. La primera sería la de los apocalípticos, que ven en ella la «anticultura», el signo de una caída irrecuperable, de nuestra decadencia, y la otra la de los integrados, que creen con optimismo que estamos viviendo una magnífica generalización del ámbito cultural. ¿Entre cuál de estas tendencias se sitúa usted, hay un término medio entre ambas? Para responder hay que conocer en profundidad la postura de Eco, para lo cual es necesario la lectura de esta obra, no obstante, le adelantamos parte de las ideas que encontrará en ella para así intuir a cual de estos grupos pertenece usted según Eco.
[...] Apocalípticos
Con el calificativo de “Apocalípticos” Eco hace referencia a todas las personas que dejan sus pensamientos en el pasado aferrándose a las viejas costumbres. Este tipo de personas estarían buscando una cultura que los relacione a todos. Por lo general, piensan que la cultura de masas es una especie de anti-cultura. Es por ello que rechazan nuevos fenómenos culturales.
Por ello, éste grupo intenta mantener sus viejas costumbres oponiéndose totalmente a todo lo que pueda avanzar. Lo hacen por la simple razón a que temen que su cultura sea erradicada con la entrada de las nuevas tecnologías. Como ejemplo de éste tipo de personas cabe añadir a las que rechazan fenómenos como el de cómic, que para otros representan una nueva forma de literatura, para ellos, sin embargo, supone un peligro ante la posibilidad de la pérdida de la importancia de los clásicos. Seguramente entre ambas actitudes hay un término medio, pero antes de atender a ello cabe preguntarse por quiénes son los integrados.
Los integrados
Esta otra comunidad es todo lo contrario a los anteriores ya que entienden que la nueva tecnología supone un verdadero progreso. Interpretan que todo lo que venga en tecnología tendrá siempre un futuro libre y prometedor, y por ello ésta se convierte en todo un arma para la cultura.
Esto implica al cine, la televisión, radio etc. Todos estos medios, desde esta perspectiva, son interpretados como una herramienta de mejora. Umberto Eco no esta muy de acuerdo con esta lógica, pues contempla la posibilidad de que, más que mejora, ésto lleve a convertirnos en un rebaño que confía ciegamente el estos avances, dando por hecho que nos llevan a un mejor futuro. No es que él se encuentre entre los apocalípticos, sino que apunta a la necesidad de un pensamiento crítico. [...]
Texto completo en el siguiente enlace:
https://www.entelekiafilosofik.com/2019/02/06/apocalipticos-e-integrados-por-umberto-eco/?fbclid=IwAR1sZh0INTBv-hknRUUdXbxud2ItQS3FBTmOATKU8f_yTFaW5fFfCBfNhT4
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