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jueves, 14 de febrero de 2019

Seminario: La verdad detrás de la explotación de carbón en la Guajira

:::ENTRADA LIBRE:::

Presentación e introducción a cargo de Astrid Ulloa Ph.D. Profesora titular del departamento de Geografía UN 

1. Representantes Wayúu exponen su análisis sobre las afectaciones de la mega - explotación de carbón en La Guajira. 

2. Verdades judiciales en contra del Estado colombiano y la empresa Carbones del Cerrejón. CAJAR 

3. Retos de la transición energética y postextractiva en el departamento de La Guajira. CENSAT AGUA VIVA 

4. Conclusiones CINEP




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miércoles, 24 de abril de 2013

"La Universidad Nacional puede ser feriada en la bolsa inmobiliaria"



Por: Alfredo Molano Bravo


López Pumarejo - Siempre hay que volver al viejo López— construyó, en un paraje considerado en su momento un más allá de los extramuros de la melancólica Bogotá de chicha y bombín, la ciudad universitaria en un campus enorme de 90 hectáreas verdes donde se levantaron edificios blancos, cómodos, limpios. 

Con el tiempo otras construcciones, con líneas diferentes, fueron apareciendo para las nuevas carreras y necesidades. El conjunto es hoy un museo arquitectónico. Para los que estudiamos, peleamos y vivimos en ella, la Nacho era un gran útero del que no podíamos desprendernos. Hoy es un cementerio de edificios en ruinas. La gloriosa Universidad Nacional se cae a pedazos, se hunde como un gran barco en medio de un mar de indiferencia oficial. La mitad de las edificaciones se vienen de bruces solas; dos han tenido que ser desocupadas y, según estudios, casi todas podrían venirse al suelo con un medio temblor. ¿Cuál es el origen de semejante situación?

Digamos que, en principio, se trata de que la Nación, apoyada en la Ley 30 del 92, sólo aporta lo que la norma considera el aumento presupuestal mínimo, basado en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). Desde el 93 ese “mínimo” no ha sido modificado, es decir, la plata que recibe la universidad es la misma en términos relativos, pero en términos absolutos las necesidades han aumentado, sobre todo a partir de la proliferación de posgrados —con chorizo tecnológico incluido: laboratorios, bibliotecas, computadores— que impuso el Acuerdo de Bolonia a finales de los 90. Europa creó un plan de estudios que permitía la homologación de títulos en consonancia con el ritmo tecnológico que demandaba el capital. Fácil: se necesitaba abarrotar el mercado de titulados y de sobretitulados para reducir el costo de la mano de obra megacalificada para un mercado sin fronteras, la tal “aldea global”. Colombia no podía quedarse atrás y aparecieron posgrados como crecen los hongos con la lluvia. Las primeras en afrontar el reto fueron las universidades privadas, por razones obvias. La universidad pública fue arrastrada por la creciente y disparó también posgrados a diestra y siniestra. Pero sin plata. O mejor, con plata sacada del bolsillo de los estudiantes. En la UN un posgrado cuesta siete u ocho millones de pesos semestre. Bien vistas las cosas, es una estrategia de privatización de la educación pública. ¿Cómo pagar profesores estrella y toda la parafernalia pedagógica posmoderna sin nuevos recursos estatales? De ahí que la reforma propuesta por Santos esté dirigida a suplir con inversiones privadas lo que se debería hacer con plata pública. La iniciativa fue rechazada por los estudiantes, pero no ha sido engavetada por el Gobierno. Luis Carlos Sarmiento, Pedro Gómez o Amarilo se frotan las manos. Desde el punto de vista meramente físico —lo que es un fiel indicador—, la ciudad universitaria —la amada— necesita dos billones de pesos sólo para ser restaurada. Sobre el asunto, el rector se limita a pasar el trago amargo y proponer, sentado en su abullonado sillón de plumas de ganso, una estampilla con la imagen de Santos Acosta, el más inepto de los generales de las fieras guerras civiles y fundador de la Universidad Nacional.

La pesadilla está viva. La Nacho, la gloriosa de mil batallas perdidas, puede ser feriada en la bolsa inmobiliaria. Pasa con ella como sucede con las viejas casonas declaradas patrimonio nacional: se dejan derruir calculadamente para regocijo de los urbanizadores. Hoy, con el plan de remodelación del CAN, una ancha cincha que protege la universidad por el occidente, quiere ser vendida para construir “buildings” de vivienda privada. Vender lo que hoy son las residencias Camilo Torres, la Rectoría —para nosotros los viejos todavía es Gorgona— y el predio donde se podría construir el urgente Hospital Universitario —y todo lo que la codicia de los urbanizadores requiera— es el proyecto en ciernes. ¿Será que a la larga la Universidad Nacional terminará siendo reconstruida como Zona de Consolidación en la Serranía de La Macarena, que por ley le pertenece?

Fuente: ELESPECTADOR

NOTA: Leer también el artículo "La Universidad Nacional de Colombia y la crisis de la educación superior auspiciada por el gobierno Santos" de Inti Mesias Barrera, Representante ante el Consejo de Sede Universidad Nacional de Colombia-Bogotá.

martes, 12 de marzo de 2013

CARTA ABIERTA AL DR. IGNACIO MANTILLA PRADA, RECTOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA, BOGOTÁ

CARTA ABIERTA DE PROFESORES Y ESTUDIANTES DEL DEPARTAMENTO DE FILOSOFIA


Bogotá, marzo 11 de 2013


Dr. Ignacio Mantilla Prada
RECTOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA
Bogotá

Respetado profesor Mantilla:

Ante la muy grave situación que atraviesa nuestra Universidad, los abajo firmantes hemos sentido la obligación de dirigirnos a usted con todo el respeto que la dignidad de su cargo nos merece, pero también con toda la firmeza que la situación amerita. Tenemos serias inquietudes sobre la manera como La Rectoría ha venido manejando la crisis que enfrenta la institución.

En primer lugar queremos manifestar que, independientemente de la legitimidad que tienen las reivindicaciones salariales y laborales que plantean los trabajadores de la Universidad, consideramos enteramente inaceptable el uso de medidas de fuerza como es el bloqueo de los edificios que han llevado a la Universidad a una parálisis total. Se ha vuelto una perniciosa costumbre el que algunos sectores de la comunidad pretendan imponer sus agendas temáticas a toda la institución, afectando seriamente el curso normal de la actividad universitaria, y poniendo en riesgo la vida académica que es la esencia misma de la Universidad.

Dicho esto, queremos señalarle también que tenemos la impresión de que algunas de las acciones de La Rectoría han contribuido a la escalada del conflicto. En particular, nos parece desafortunada la manera como se han adelantado algunas etapas en el trámite a las solicitudes de los trabajadores, toda vez que en un primer momento las demandas de estos fueron consideradas justas, sin expresar reparo alguno. Esto por supuesto creó irresponsablemente expectativas de las que era fácil sospechar que no se podrían cumplir, y mucho menos en un año fiscal que estaba próximo a concluir. Nos preguntamos también por qué los bloqueos, que fueron anunciados desde comienzos de año, parecen haber tomado por sorpresa a la administración. ¿No era posible tomar medidas efectivas para evitarlos, o al menos para evitar que la intensidad de la protesta aumentara de la manera como lo hizo? Finalmente, creemos que hace falta una interlocución muchísimo más directa con los trabajadores, quienes justificadamente esperan del Rector que los represente ante la sociedad y el Estado. Una fluida comunicación hubiese evitado la desinformación que ha contribuido a atizar la crisis.

Lamentablemente, en otros aspectos del manejo de la Universidad, esta desinformación y falta de comunicación se repiten. Con respecto al Sistema Nacional de Becas de Posgrado, por ejemplo, la no apertura de nuevas convocatorias en algunas modalidades no fue consultada ni comunicada de manera adecuada a la Universidad. Del mismo modo, nos parece que la rectoría debe pronunciarse de manera clara acerca de la creciente desfinanciación de la universidad que ha alcanzado límites preocupantes, o frente a los riesgos del plan de renovación urbana del CAN. De otro lado, es posible que el contexto en el que se dieron los gastos en la remodelación de la oficina de Rectoría o los bonos que se otorgaron a las directivas sea más complejo de lo que se suele informar, pero si es así se necesita informar de mejor manera a la comunidad para no dejar enlodar la imagen de las directivas de la Universidad.

Como usted bien sabe los problemas de las Universidad son profundos y estructurales. Se derivan de la insuficiente financiación estatal, que se traduce en salarios bajos, en falta de recursos para la investigación, en una infraestructura de la sede de Bogotá que están en un estado lamentable, etc. Pero también en una estructura de la organización de la Universidad que debe ser replanteada. No hay claridad de porqué el Consejo Superior Universitario deba tener la composición que tiene actualmente, la representatividad de los representantes profesorales y estudiantiles es sumamente cuestionable y la falta de autonomía de las Unidades Académicas es palpable. Pero si a estos problemas estructurales, que merecen una revisión que no podemos hacer aquí, se suman cuestiones coyunturales como las que hemos descrito, aparecen entonces elementos que alimentan el conflicto en el que nos encontramos.

Por lo demás, pareciera a veces que las directivas no tuvieran claridad sobre la profundidad de la crisis. Por ejemplo, en su "Mensaje a la comunidad Universitaria" con ocasión de su renuncia a la Vicerrectoría de la Sede de Bogotá en días anteriores, la Profesora María Clemencia Vargas no hace absolutamente ninguna mención de la parálisis y el bloqueo de la Universidad, como tampoco lo hace el comunicado de Rectoría que lacónicamente informa de esta renuncia. Quien lea desprevenidamente estos mensajes pensaría que la Universidad está funcionando perfectamente. ¿Acaso no ven o no quieren ver las directivas de la Universidad la gravedad de la situación?

Todo lo anterior nos hace preguntarnos sobre si la concepción que esta administración tiene del sentido de la universidad pública, de la calidad académica, de la formación de posgrados, y de otros aspectos esenciales de la vida universitaria, se corresponden con los que por tradición y por definición pertenecen a la esencia de la Universidad Nacional de Colombia. Por todo ello queremos respetuosamente solicitar de su parte y del equipo que lo acompaña

1. Que no se escatimen esfuerzos por superar de manera urgente, y considerando ante todo los más altos intereses de la Universidad, el conflicto laboral que nos afecta desde hace más de dos semanas, y que obstaculiza la normalidad de la vida académica. Todo eso en el marco de la legalidad, el respeto y el reconocimiento del otro.

2. Que las directivas de esta administración, tal como lo han solicitado otros profesores, presenten en uno o varios actos públicos, con una metodología apropiada y concertada de antemano, un informe del estado general de la Universidad, y de los planes y acciones que se propone esta administración ante los retos más inmediatos que se avecinan y en general ante la difícil situación de la universidad pública.

Creemos en las instancias legales y en la discusión abierta y razonada como vía ideal para atender y solucionar los conflictos de nuestra comunidad universitaria. Queremos que comprendan que esta invitación que les hacemos es un llamado a la transparencia y al diálogo, y tiene como único interés la defensa de nuestra universidad.

Atentamente,

Los aquí firmantes