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domingo, 16 de febrero de 2014

Y dónde quedó la universidad

En esta oportunidad compartimos con ustedes un texto del filósofo antioqueño David Esteban Zuluaga Mesa. Un texto corto con observaciones importantes en torno a la "empresa universitaria". Esperamos que los inquiete y, como alguna vez dijo el Poeta y Filósofo Víctor Raúl Jaramillo en una de sus clases, les motorice el cerebro.

Fuente del texto: David Esteban Zuluaga Mesa, Editorial. Y dónde quedó la universidad, Revista Perseitas Vol. 2, Nª 1 (enero-junio), Medellín-Colombia, Ed., Funlam, 2014.

domingo, 9 de febrero de 2014

“Basta de perseguir al pensamiento disidente: ¡Libertad al profesor Francisco Toloza!”





A través de Revista Nuestramérica, ISSN 0719-3092 Compartimos una reflexión, una alerta, y por qué no, una denuncia que enciende el profesor Néstor Kohan frente a la detención arbitraria de Francisco Toloza, reconocido académico y militante de las causas justas en Colombia y en toda nuestrAmérica. En su escrito, que presentamos a modo de introducción, Kohan hace un llamado ético y político sobre el sentido y el compromiso de la praxis académica frente a las demandas ineludibles de nuestros pueblos. Allí defiende la generación de pensamiento crítico, hace un llamado imperativo a que la academia profundice y defienda sin velos sus apuestas políticas militantes, y finalmente condena la persecución política a la academia por parte de una burguesía servil, como la colombiana, y del aparato de represión norteamericano que no deja de cernirse sobre nuestro territorio. (Presentación escrita por el compañero Ismael Cáceres Correa)  


Descargar y leer el artículo en el siguiente enlace: http://ow.ly/triOn


viernes, 7 de febrero de 2014

Minería, Territorio y Conflicto en Colombia

Autores: Universidad Nacional de Colombia, Plataforma Colombiana de derechos humanos, democracía y desarrollo, CENSAT Agua Viva

Gráfica alusiva a Minería, Territorio y Conflicto en Colombia En la medida en que el extractivismo minero energético avanza sobre los territorios, surge también una geopolítica de la autonomía que cuestiona estas prácticas de apropiación y explotación de la naturaleza presentes en el país y en la región desde la época de la Colonia. Las alternativas a este modelo se construyen cotidianamente y precisan de conocimientos y reflexiones que ayuden a comprender la diversidad ecológica y cultural del país, así como las necesidades de sostenibilida, profundización democrática y de justicia y paz de su población.

Este libro recoge múltiples y diversas reflexiones sobre el estado actual de la expansión de la industria extractiva de la minería en Colombia y en América Latina. Su propósito es servir como insumo para los procesoso críticos y de construcción de alternativas y resistencias que este complejo fenómeno genera en la coyuntura nacional y regional.

Puedes comprar este libro en la oficina de CENSAT Agua Viva (Carrera 27a # 24 -10. Barrio Panamericano. Bogotá)

Costo: 60.000 pesos colombianos 

Fuente:  CENSAT Agua Viva

Eco de una pesadilla de petróleo




Eco de una pesadilla de petróleo  
                              Imagen de las aguas del río Acacías. /Andrés Torres 
Allí, en el río Acacías (Meta), donde Ecopetrol vierte las aguas derivadas del proceso de crudo de la estación Chichimene, el olor sigue siendo fétido. Arden los ojos y duele la cabeza. Esta vez es José Gutiérrez, un poblador de la región, quien retira las piedras blancas que están a la vista para sacar las que están al fondo, negras y engrasadas con lo que parece petróleo. Han pasado dos meses desde la primera visita que hizo El Espectador a este lugar donde las aguas que corren también son negras, calientes y olorosas, y el cuadro parece ser el mismo (Lea aquí Trazas de crudo y sueños de agua). El pasado miércoles, en el coliseo Omar Armando Baquero, del barrio Las Ferias en Acacías, estaba citada una audiencia de seguimiento ambiental a esta estación y a la de Castilla, que de acuerdo con los pobladores contaminan su agua y su aire de forma cada vez más preocupante.
Sólo cuarenta minutos permanecieron los alcaldes de los municipios de Castilla La Nueva, Acacías y Castilla en la jornada. Dieron un corto discurso, se disculparon y se fueron en sus camionetas blindadas a un evento en Villavicencio, donde el presidente Juan Manuel Santos entregó motos de policía como salida para contrarrestar la delincuencia en esa ciudad. Hubo algunos mandatarios que ni siquiera asistieron y sólo uno, el de Castilla La Nueva, dejó una ponencia en la que respaldó las inquietudes de la comunidad sobre los serios impactos que está teniendo en esta región la explotación de hidrocarburos. La mesa de las “autoridades” quedó representada por un asesor de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA), un personero, un procurador delegado y la directora de Cormacarena. En el recinto había cerca de setenta personas, en su mayoría mayores, de no ser por un grupo de jóvenes contratados por Ecopetrol, y con uniforme de esta empresa, que se quedaron sentados y en silencio durante la audiencia, como una especie de guardia pretoriana muda.

Poco a poco fueron tomando el micrófono los líderes para decir una vez más lo que han visto en sus regiones. “No podemos demostrar científicamente que los niveles de las aguas de los ríos, caños y nacederos han disminuido en los últimos 13 años, pero tenemos sentido común y tiempo en estas tierras y por eso decimos que es así. De tanto ir y andar a foros, también hemos ido recogiendo algunos datos. Sabemos, por ejemplo, que la multinacional Chevron sólo perforó 37 pozos en 25 años de operaciones en Castilla, Chichimene y Acacías, y que los magos de Ecopetrol en 12 años han perforado 516, más los que faltan, que ya están autorizados y son más de 200. Sin hablar de la quema de gases a cielo abierto que está contaminado nuestro aire. ¿Hasta cuándo la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales y Cormacarena van a seguir permitiendo el vertimiento de aguas de producción a las fuentes hídricas, si saben que los ríos Orotoy, Guayuriba, Acacías y Meta, y el pez bagre rayado, ya están contaminados?”, dice María Clemencia Díaz, mientras en dos pantallas grandes pasan fotos nuevas y viejas que en los últimos años los pobladores han tomado para dar cuenta de la contaminación por la explotación de petróleo. Se ven peces y vacas muertas con trazas de crudo, aguas contaminadas y ríos secos.

“El bloque petrolero Cubarral ha violado la normatividad ambiental construyendo plataformas sobre nacederos de agua, como el clúster 26 en la vereda Montelíbano; los 21, 37, 13 y 10 en la hacienda Cencerros, y el 30 en la finca Bendición. El ruido de la perforación las 24 horas del día es insoportable y el olor a nafta, ese maldito olor fétido que se mete por las narices, no deja vivir”, dice Marta Chivata, la mujer que hace dos meses nos llevó a recorrer la vereda La Esmeralda y que siempre carga consigo dos botellas de agua negra que recoge del río Acacías antes de ir a las audiencias ambientales.

“La gota que ha colmado la paciencia y la tranquilidad de los que vivimos en la vereda La Esmeralda ha sido la contaminación de los aljibes, que durante más de 40 años fueron aptos para consumir agua. Ya van 30 aljibes contaminados de los 95 que tiene la vereda. Hemos puesto una acción popular a ver si al fin nos ponen cuidado, porque la solución de Ecopetrol es llevarnos agua en carrotanques, que reparten los bomberos, y la promesa del acueducto todavía es incierta”, dice María Clemencia Díaz.

“Ya ni vender las fincas se puede, porque nadie quiere comprar tierra rodeada por la explotación petrolera”, afirma David Rincón, que vive en la finca El Manantial, separada de la estación petrolera Castilla 2 sólo por una vía angosta y un cercado de alambre corroído por químicos que quedan en el aire. Él mismo ha insistido en que tiene cáncer de piel y pérdida de audición, producto de los gases en la atmósfera y el ruido de los taladros. Para Luis Guevara, presidente de una asociación ambiental de Acacías, uno de los problemas mayores es que no hay programas de reasentamiento de las personas que con los años terminaron encerradas por esta industria.

Las preocupaciones eran muchas y parecían interminables. Para el alcalde de Castilla La Nueva, Fernando Amézquita, el único de los mandatarios locales que escribió una ponencia para la audiencia, los impactos que tendría una nueva línea de vertimiento al río Guayuriba, aprobada en la resolución 1137 del 28 de diciembre de 2012, son alarmantes. Sobre todo teniendo en cuenta que la producción del campo Castilla, que se realiza por empuje, estaría utilizando las aguas del río Orotoy y los caños Grande, el Cacayal, Tres Ranchos y el Blanco, razón de la disminución drástica de los caudales de estas fuentes hídricas. También, que con el tiempo la acumulación de elementos en el agua derivada del proceso del petróleo, como calcio, bario, níquel y nitratos, entre otros, tenga efectos letales en la vida humana y animal. Por eso pidió reinyectar el 100% del agua derivada del proceso para disminuir el deterioro de las aguas.

El ingeniero Javier González de Ecopetrol escuchó atento la avalancha de críticas. Luego, consultado por este diario, se defendió de ellas. Señaló que, por ejemplo, en cuanto a la contaminación de las aguas, ellos tienen un estudio de 2008, por cuya realización pagaron a una ONG llanera llamada Tierra Mágica, que demostraría que las aguas de producción que se vierten en los ríos son menos contaminadas que las que ya van por el caudal. Reiteró la teoría de que el agua y las piedras negras sobre el río Acacías en el vertimiento de la estación Chichimene “son algas que generaron una biopelícula negra” y que así lo corroboró un estudio de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, y agregó que ahora están “oxigenizando las aguas de la producción para eliminar estas alguitas”. (Lea aquí 'No es contaminación, es un milagro de la vida')

“Con toda franqueza, ¿cree que Ecopetrol tiene alguna responsabilidad sobre los impactos negativos que denunciaron las comunidades o todo es infundado?”, le preguntó este diario. “Decirle que no generamos ningún impacto sería mentirle, porque definitivamente estas audiencias públicas sirven para mitigar el impacto que estamos realizando. Tenemos que revisar, asegurar y reconocer con humildad que los planes de manejo ambiental se cumplan”, atinó a responder González con tono cauto y diplomático.

A las tres de la tarde terminó la audiencia pública ambiental. El asesor de la ANLA, Augusto Peñaranda Correa, afirmó que Ecopetrol ha hecho un trabajo serio a pesar de lo que dice la comunidad y que se tienen que hacer algunos ajustes. Aseguró que de esta audiencia tendrán que salir requerimientos para que la empresa corrija sus errores. Adriana Rodríguez Sánchez, que vive en la vereda La Esmeralda, es escéptica. Cree que esta audiencia, el mecanismo al que han recurrido varias veces en décadas de explotación petrolera, es un paliativo para el dolor y la desesperanza. Un desahogo, nada más: “Por eso de aquí en adelante vamos a entablar demandas. Tenemos las pruebas, las fotos, las conversaciones de las personas que están incumpliendo. Parece ser lo único que nos queda, porque los daños ambientales son irreparables. Jamás volveremos a ver nuestros campos como eran. A nuestros hijos les dejaremos los videos, las únicas pruebas que tenemos de que esta tierra era preciosa”.

sábado, 25 de enero de 2014

La universidad Nerd

El texto de Juan Guillermo Tejeda, de la Universidad de Chile, nos lo compartió el profesor Carlos Enrique Restrepo, con las siguientes palabras: "Que las universidades ya han tocado fondo es algo de lo que no queda duda. El texto adjunto (el mensaje habla de dos textos, aquí solo presentamos uno, por ello el uso del singular) refrenda una radiografía de las universidades contemporáneas, cuya imagen esperpéntica se ha vuelto absurdamente homogénea en todo el orbe: la imagen de la decadencia. Se trata de una debacle epistemológica y espiritual profunda e irremisible... ante la que sólo queda practicar una estrategia de fuga: la "universidad nómada""

martes, 21 de enero de 2014

ESA ¡TAL EDUCACIÓN! EN COLOMBIA NO EXISTE

Finalizando el año anterior uno de los temas más comentados fue el del pobre desempeño de los estudiantes de Colombia en las pruebas Pisa. De muchos sectores saltaron expertos mediáticos que con sus dedos inquisidores señalaban a los culpables. Cuestionaron a la ministra de educación y ella se lavó las manos cual Pilatos diciendo que el problema era la mediocridad del personal docente que había en el país. Siempre la cuerda reventándose por lo más delgado, y cómo los profesores ya no tienen quién los represente, porque contar con Fecode como diría la canción “es estar solo dos veces”.
 
Que los maestros son unos vagos, que están mal preparados, que se la pasan peleando, que tienen demasiadas vacaciones al año, eso es lo que siempre se dice, mas no cuentan que la política de calidad educativa en Colombia es un espejismo, ¡la tal calidad no existe! —como diría el presidente—, porque la educación se volvió un negocio, un negocio muy lucrativo que se basa en cifras y no en calidad. —Entonces lo de la calidad dejémoslo de lado—.


La mayor parte del tiempo, estos expertos mediáticos se la pasan criticando desde fuera, no ven las realidades de un aula de clase, y sobre todo de un aula del sector público. Terminan tratando a los maestros como unos ignorantes que no innovan, algunos periodistas nos hablan de sistemas educativos que en su vida se han dedicado a profundizar. Como provienen de los medios, estos ¿expertos? solo critican, no profundizan, no ven más allá de la realidad de los colegios de sus hijos, casi todos instituciones educativas de estratos altos en donde los salones no están atiborrados de alumnos y existen otro tipo de realidades afectivas y socioeconómicas. Ven la vaca desde el microscopio, o sea; no ven la totalidad, con hablar bonito y con criticar piensan que se va a salvar la educación.


La mediocridad de la que hablan, casi siempre es impulsada por las políticas públicas que pululan en nuestro país y de las cuales poco se detienen a analizar, en dónde el colegio se volvió para el estudiante la ley del menor esfuerzo; pues los estudiantes saben los estándares que rigen el negocio de la educación en el país, saben que de un grupo de cuarenta solo puede perder el año uno, o a veces ninguno, dependiendo de las directrices que les den a los rectores y coordinadores, quienes someten a los docentes a pasar a los menos peores —lo que importa es que pasen, no que aprendan—.
 
Todas esas políticas socavaron la autoridad del docente en las aulas, los desmotivaron hasta el punto que ya muchos no dan clase, la sacan, se dedican a llenar tablero, porque para qué se prepara una clase que en la mayoría de las ocasiones el estudiante no va a valorar ni a prestarle atención. No es problema de metodología pedagógica, pues el alumno sabe que al final va a pasar, aprenda o no. Y, no es que el docente discipline a punta de amenaza, pero si es muy difícil enseñar en un aula en donde toca rogarle al estudiante para que presente un trabajo o haga una tarea, en donde toca dar plazos y plazos,  el grueso de estudiantes ya parecen contratistas, pues no entregan nada a tiempo y cuando lo entregan lo hacen mal o es un vulgar corte y pegue. Son muy pocos los estudiantes que se educan a conciencia. La mayoría van detrás de un cartón que es el requisito mínimo para ser un obrero, con eso se contentan, no van a aprender, van detrás de un diploma. 

Es más, la secretaria de educación distrital el año pasado envió un correo a las instituciones, donde decía que el último período académico fuera de recuperación, de modo que tocó parar para que los estudiantes se pusieran al día con sus logros no alcanzados, al final muchos alcanzaron el logro, pero no aprendieron, y todo se hizo por cumplir con la política pública distrital de educación, que nos muestra unas cifras dizque muy alentadoras.
 
Ahora la evaluación en los colegios no se basa en lo aprendido, sino en posiciones subjetivas tales como: “¿me dejo dar clase o no?”, “¿me cae bien o mal?”, “ese finalmente no es tan malo”, “ a ese pobre toca ayudarlo”, etcétera. Porque si nos ponemos a medirlos por los estándares de lo aprendido muy pocos aprobarían. Es más, que lo digan las universidades que han tenido que replantear sus syllabus para que los estudiantes no se queden en los primeros semestres; es más, hay universidades como la Minuto de Dios que hacen actividades de nivelación para que no se quemen en primer semestre.
 
Todos esos expertos mediáticos que dicen que la educación no arranca por culpa de los docentes, son los que se benefician de la mediocridad de la educación, para seguir vendiendo en distintos medios sus propuestas milagrosas y revolucionarias, y como todo debe ser norma de gestión de calidad, las propuestas innovadoras se basan en llenar y llenar formatos, como si la educación fuera un negocio cualquiera, una maquila de hombres y mujeres. Muy poco de ese trabajo innovador se hace en el aula, y los pocos dizque innovadores que van al aula, se dedican a decirle a los estudiantes que eso que enseñan los profesores no sirve para nada. Finalmente ellos esperan, al igual que muchos políticos, que la educación pública siga fracasando, para tener la excusa un día de acabarla y dársela a sus amiguetes de la empresa privada que financian sus campañas políticas y pautan en los grandes medios.
 
El problema no es la inversión, es la falta de una política pública clara que diga qué es lo que se quiere de la educación en Colombia, las políticas hoy hablan de educación más en términos mercantiles y económicos, que en términos pedagógicos que de verdad busquen sacar lo mejor del individuo, prepararlo para los nuevos retos del siglo XXI y donde se acorten las brechas sociales. La educación en Colombia está lejos de mejorar, está cayendo en manos de mediocres, que ven en las frías cifras un logro aparente de su gestión. ampliando la desigualdad y multiplicando su mediocridad, porque de qué sirve una educación gratuita si es de mala calidad. No solo es la preparación de los maestros, que tanto en el sector oficial como en el privado, los hay unos muy malos, como hay otros que son excelentes, que se desmotivan por la misma dinámica de la política pública que finalmente resuelve como ya lo mencione anteriormente, —que el estudiante debe pasar, no aprender—. Hay que respaldar a los profesores, hay que devolverles su dignidad.


Porque eso son las cifras, solo números, nada de fondo que explique la triste realidad que vive la educación en el país. Pero eso no importa porque cuando salgan los próximos resultados de las pruebas Pisa, esos expertos mediáticos venderán prensa, harán programas de opinión en radio y televisión, se rasgaran las vestiduras, aumentarán los formatos para controlar a los maestros que de nuevo serán los únicos culpables y seguirán dando el eterno diagnostico que finalmente no dice, ni cambia nada, porque ahora todo es producción en masa, no se puede perder dinero y más si eso que ellos llaman educación es gratis. Es por ello que esa ¡Tal educación! en Colombia no existe, por lo menos no para los más pobres.